Esta época del año es la mejor para visitar el arruinado templo, dando un agradable paseo entre cultivos floridos y olivares.
Aún no se ha terminado de salir del pueblo, cuando los márgenes del camino desaparecen bajo una multitud de cardillos, malas hierbas, gramíneas y las ariscas espigas de los rompesacos. Vuelan las abubillas, los gallitos de abril, que despliegan su penacho mientras escapan con su alegre vuelo. Pero es más allá donde se encuentra el verdadero espectáculo.
Tras dejar atrás las últimas construcciones, desciende la pista hacia los sembrados. A pesar de la escasez de lluvia, estallan los campos en una marea multicolor que se desborda hasta el último de sus rincones. Flores de infinitos tonos, formas y tamaños salpican la campiña, cubriendo por completo amplias parcelas de mies.
TAPIZ DE AMAPOLAS.- El sangriento tapiz de las tupidas amapolas se alterna con las precisas formaciones de magarzas y margaritas. Sin descanso se suceden las rampantes romazas, con sus flores hechas de oro viejo. Delicadas collejas y feraces escaramujos que crecen al albur se alternan con la rigurosa armonía de las tolpis, mientras los estoicos tagarnos soportan una temporada más la multitud de escarabajos que se enreda entre sus flores.
Mucho después se descubre cómo la humilde llama azul de los matacandiles ilumina los pies de los olivos. Ante el paso del caminante escapa un bando de jilgueros con el loco arcoiris de su vuelo.
El sendero se ha hecho luz de gas bajo las espigas y hay que adivinarlo entre los surcos. Tras girar a la derecha, se discurre junto a unos breves cerros hasta una ancha pista que viene de Torrelaguna. Por ella se retornará luego al pueblo.
Tras dejar a la derecha una escombrera, la pista se dirige hacia la derecha, rumbo a unas canteras que se descubren algo más lejos. En su fondo todavía aguanta un charcón en el que beben las golondrinas al vuelo.
Se gira a la izquierda, para cruzar poco después otra pista perpendicular. Ésta da servicio al canal del Lozoya, parte de cuyo trazado resulta visible. Lanzan su aflautado trino unos abejarucos que muestran su brillante plumaje mientras vuelan hasta las puntas de un cardal. Se sigue hasta unos olivares, entre los cuales desciende la pista hacia la llanura por cuyo fondo discurre el Jarama.
Al final de la bajada se toma un desvío hacia la derecha. Desde allí ya se ve al fondo la ermita. Ya a sus pies, se descubre el deplorable estado en que se encuentra. Olvidada a los pies de una loma, tiene hundida la techumbre y una puerta desvencijada muestra los muros descarnados. Dado el peligro de ruina, está cercada por una valla.
Este templo, cuyos orígenes no están nada claros, fue reformado en el siglo XVII y en él se rindió culto a la Virgen de La Piedad. Un herrumbroso cartel señala que fue María de la Cabeza su más importante santera. Durante mucho tiempo fue un destacado lugar donde acudían los fieles en peregrinación.
Hoy sólo visitan su desolado abandono las ovejas y cabras que pastorean por estas solitarias lomas.
ESPESO ARBOLADO.- Continúa la ruta hacia el espeso arbolado que crece a la vera del Jarama. En 10 minutos se llega a la orilla de este río, en un agradable paraje donde la umbría de los altos árboles da frescor a un sencillo monumento en el que se recuerda que por aquí pasaba la santa todos los días.
Venía desde su casa, situada en la antigua aldea de Caraquiz, para cumplir con sus deberes de camarera de la Virgen. La aldea hace mucho que se extinguió y en su sitio hoy crece una urbanización cuyo alboroto hurta la paz que debe reinar en una vega.
En vez de volver por el mismo sendero, se dejará a la derecha la ermita, para seguir por un camino que conduce a la pista por donde vinimos, tras rodear una amplia loma cuajada de olivos.
Datos prácticos
Cómo llegar.- Desde Madrid, por la autopista A-1 y la carretera nacional 320 hasta Torrelaguna. Atravesar el pueblo hasta llegar a su final. A la altura de una rotonda, tomar el desvío que se dirige al polideportivo municipal. En las cercanías de esta instalación se puede dejar el vehículo.
Horario.- Entre dos horas y dos horas y media para toda la caminata, sin contar las paradas.
Indicaciones.- Camino que discurre por pistas rurales, a través de un terreno de suaves cerros. Se salva muy escaso desnivel. Debe recorrerse a primera hora de la mañana o muy por la tarde, pues siempre es campo despejado, siendo muy elevadas las temperaturas en las horas centrales del día.
Valores naturales.- En esta época del año el mayor interés del paseo radica en la observación de los abundantes pájaros y flores que se pueden encontrar a lo largo de todo el recorrido.
Alfredo Merino. El Mundo
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