Valgallego, un oasis escondido
Reportaje publicado en el diario El Mundo
 
Torrelaguna en la Red -18/05/2005

No parece más que una simple área de recreo dispuesta para el trajín de los domingueros y amantes de las barbacoas. Pero en la trastienda de sus asadores se esconde un impensable escenario que constituye un diminuto tratado de geografía. Apreciado por los vecinos de Torrelaguna, Valgallego es uno de esos lugares que uno se encuentra de vez en cuando.

Encajada entre los cerros carpetanos que delimitan por el norte el valle del Jarama, se encuentra esta obra en la que lleva trabajando miles de años un humilde curso de agua nacido en la cercana Cabrera.El pequeño riachuelo ha abierto una profunda barranca que separa las alturas del Chifladero y la Atalaya, permitiéndole rendir sus aguas al río Jarama. No es otro que el arroyo Alfrecho, también conocido como del Molino.

Un pinar de repoblación conduce al área de las parrillas. De su final parte un pequeño caminillo que deja atrás encinas centenarias, una de las cuales se incluye en el catálogo madrileño de árboles monumentales. Pronto se embosca en una lujuriosa galería vegetal de la que cuelgan ramas a la manera de lianas.

El camino pasa al pie de la ermita de San Vicente, erigida en 1956 y hoy casi en ruinas. Frente a ella hay que cruzar las aguas para empalmar con una ancha senda que, a la izquierda, pasa bajo unos espectaculares farallones calizos que desafían la vertical. Luego alcanza una despejada pradera.

Quien quiera puede seguir la caminata. Aunque en vez de hacerlo por la fragosa barranquera que se abre enfrente, hay que tomar el camino que sube a la derecha por una breve costanera, hasta alcanzar un ancho collado. Del otro lado está el recóndito valle del arroyo de San Vicente, en cuyas umbrías se refugia el último de los alcornocales madrileños que aguanta en pie.

Baje hacia el regato para, sin cruzar sus aguas, y gire a la derecha por un terreno poco definido. Pase bajo otra esbelta aguja y nuevas ruinas calizas y empalme a la derecha con otro nuevo camino que separa peñas de cultivos y devuelve al caminante hasta los aledaños de la antigua ermita, rescatándole de las soledades de estos campos y barrancos.

Cómo llegar. Por la A-1 y N-320 dirección Torrelaguna. Antes de llegar, gire a la izqda., por la M-124. Pase bajo el Canal de Isabel II y tome una pista a la derecha.

Dificultad. Excursión corta y sin dificultades. Sólo en el tramo junto al arroyo de San Vicente, el camino no es evidente.

Horario. Entre 40 minutos y una hora.

Indicaciones. Está prohibido cortar cualquier resto vegetal para las parrillas.

Valores naturales. Interesantes afloramientos calizos. Presencia de encinas monumentales. Vegetación fluvial y mediterránea. La ruta transita muy cerca del único alcornocal de la Comunidad de Madrid.

Medio ambiente. Presencia de halcón peregrino, buitre leonado, jabalí y lagarto ocelado.

Panorama. Recorrido que transita por valles fluviales.

Alrededores:

Torrelaguna. Antigua ciudad romana de Barnacis y villa natal del Cardenal Cisneros. Conserva muestras de su pasado en torno a la porticada Plaza Mayor y la calle de Cisneros. Destacan los palacios de Arteaga y Salinas y la iglesia de Santa María Magdalena.

Ermitas. Son numerosas, la principal es la de Nuestra Señora de la Piedad, donde estuvo el sepulcro de Santa María de la Cabeza, patrona de Madrid.

El Berrueco. Pueblo de sabor medieval en el que destaca su rollo o picota medieval y un potro de herrar.

La Cabrera. En los alrededores hay importantes vestigios del pasado, como el convento de San Antonio, un castro y sepulcros visigóticos.

Patones. En sus alrededores se localizan las Cuevas de El Reguerillo, el embalse del Atazar y la presa del Pontón, inicio del Canal de Isabel II

Alfredo Merino. El Mundo

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