La Villa de Torrelaguna se encuentra situada en la margen llana del río Jarama y su término separa las provincias de Madrid y Gudalajara. Enclavada en terreno montañoso, con la Sierra Concha al Oeste y el Puerto de Somosierra en el Norte, su territorio está bañado por las aguas del río Jarama y de su afluente el Lozoya, donde se encuentran hoy ubicadas gran parte de las obras del Canal de Isabel II, destinadas al abastecimiento de aguas a Madrid. Cualquiera de los accesos a la Villa, ya sea desde la autovía Madrid – Burgos o desde la de Alcalá de Henares, cruzan parajes de gran belleza por su vegetación de monte bajo compuesta de encinas, chaparros y chopos. Su riqueza agrícola se basa en los cultivos de secano. Entre sus productos cabe destacar el trigo, la cebada, la avena, los garbanzos y forrajes, así como frutas y hortalizas procedentes de algunos terrenos de regadío.

Torrelaguna, situada en una faja de materiales calizos que contrastan con los granitos de la Sierra, está en el límite entre dos mundos. Por un lado observamos al sur lo suave y dulce de las llanuras madrileñas, muy transformadas por el hombre, y con una fauna y flora típica de muchas zonas de Madrid. Por otro, el agreste paisaje con matorrales y encinares que se extienden al Norte y que conforman el inicio de la Sierra. Esta última zona conserva aún importantes valores naturales.

El paisaje natural de Torrelaguna es el resultado de múltiples factores y procesos interrelacionados de distinto origen y naturaleza. Por ello hay que tener en cuenta que al acercarse a observar el paisaje actual, lo que vemos es un instante cualquiera de un medio en constante cambio. Además, Torrelaguna ha sido históricamente dependiente de los campos que la rodean para sobrevivir, a través del aprovechamiento agrícola y forestal. Por lo tanto, hay que sumar al hombre a la sucesión natural de comunidades biológicas, ya que ha jugado un papel muy importante en la explotación de sus recursos. En consecuencia, a lo largo de los años de historia de Torrelaguna, el medio que le rodea ha ido modificándose y cambiando, como si de la talla una escultura se tratara, para conformar el paisaje que actualmente observamos.


El monte:

Localizado en la Zona Norte de Término Municipal, comprende el áreas más agreste, de pendientes generalmente acusadas y donde se encuentran los crestones de calizas desnudas. Por estas características geológicas y geomorfológicas ha sido la más conservada ya que el uso agrícola se ve dificultado.

Este típico ambiente mediterráneo es utilizado actualmente por los rebaños de ovejas en sus rondas diarias en busca de comida.

Esta zona es el dominio del encinar manchego y del quejigo en zonas más frescas y húmedas. En áreas más degradadas aparecen las jaras, de diferentes especies, y alguna retama. También acompañando a éstos el torvisco, las aulagas, romero y cantueso aparecen como matorrales bajos. Se observan de vez en cuando pies de enebros de miera y, sólo ocupando puntualmente alguna repisa, la sabina mora. También se encuentran algunos pinares de repoblación en la zona de Valgallego al oeste del término municipal. Omitimos aquí por su gran diversidad, pero no por su menor importancia, a las herbáceas que demuestran toda su espectacularidad de floración en las épocas más húmedas del año.

Aunque desde la lejanía los crestones calizos parecen no tener importancia florística, son en ellos dónde se desarrollan pequeños líquenes, briófitos y helechos muy importantes como indicadores de la salud ambiental de un territorio.

Y ya mirando hacia el cielo es frecuente observar el ratonero o el águila calzada, o si hay suerte el majestuoso vuelo del águila real. Los buitres son visitantes diarios de esta zona por si alguna oveja o cabra ha acabado sus días entre los matorrales.

En verano el águila culebrera tiene en estas zonas su área de campeo, alimentándose de culebras bastardas, de escalera, o de algún joven de lagarto ocelado. No faltan en estos bosquetes, o incluso alguna vez son observados dentro del pueblo de Torrelaguna, pájaros forestales como el herrerillo, el carbonero o el agateador común. En invierno nuestros paseos son siempre acompañados por el familiar "chiu, chiu" del amigable petirrojo. En las zonas altas abundan las tres collalbas más frecuentes: la gris, la negra y la rubia. En los matorrales se dejan ver la cogujada montesina, rabilarga y carrasqueña.

Los mamíferos grandes como el jabalí, fácilmente detectable por las hozaduras que deja en los prados, es una especie de interés cinegético que abunda en la zona. Los pequeños y esquivos carnívoros como la garduña o la gineta sólo delatan su presencia al naturalista aficionado por sus deyecciones. Con poco de experiencia es fácil distinguirlas, y así confirmar por donde paseamos la presencia de estos mamíferos.


Los arroyos y riberas:

Los arroyos que recorren el término municipal, de Torrelaguna, como el Arroyo del Molino o el de San Vicente, son fuente de una gran diversidad biológica. La presencia de agua y el refugio que ofrecen estas zonas son dos características que hacen de este ambiente un hábitat idóneo para numerosas especies animales y vegetales.

Sin embargo, en las zonas bajas del término municipal los campos de cultivo colindantes a los arroyos han hecho disminuir la frondosidad de estas riberas. De esta manera el bosquete de ribera se ha convertido en una estrecha franja a los lados de los arroyos. Aquí encontramos álamos blancos, sauces de varias especies y choperas que suelen ser cultivadas. Indicando algo de salinidad en el terreno aparecen puntualmente algunos tarays en las zonas más bajas del término municipal. Como acompañantes de toda esta vegetación arbustiva y arbórea observamos abundantes zarzales, retamas locas, juncales, etc.

La fauna es rica y variada. En las zonas más altas y agrestes, la humedad de estos arroyos es la que prefiere el escaso corzo (que probablemente sobreviva, gracias a los aportes de la cercana Reserva de Sonsaz en Guadalajara). Para el tejón, que elige para vivir zonas con suelos fácilmente escarbables y con cierta humedad, ésta es su zona óptima de campeo.

En estos pequeños bosques de ribera la avifauna es también muy variada. Entre las ramas deshojadas de los árboles en invierno se observan nidos, que nos delatan las puestas de algunas aves en la primavera y el verano. Con buenas guías se puede deducir a que especie ha pertenecido por el tamaño y materiales de construcción.

Brevemente intentaremos describir la variación temporal de las poblaciones de aves en función de las estaciones: zorzales, petirrojos y mosquiteros comunes abundan en invierno, alimentándose de frutos y algunos pequeños invertebrados. En primavera y verano son sustituidas por ruiseñores comunes, zarceros, currucas carrasqueñas, etc. En época de migración es donde se produce un solapamiento de varias de las anteriores especies a la vez, y también aparecen otras como papamoscas o mosquiteros musicales. También hay especies presentes todo el año como cernícalos vulgares, mirlos, carboneros, herrerillos, pinzones, verdecillos, etc.

También comentaremos aquí, por ser el hábitat más propicio para estos vertebrados, a los anfibios. Dentro de la familia de los salamándridos, el gallipato o el tritón jaspeado los podemos encontrar en charcas cercanas a los arroyos, en los abrevaderos, etc. En iguales hábitats, incluyendo a los mismos cursos de agua, se hallan el sapillo pintojo ibérico, el sapo de espuelas, el sapo común, el sapo corredor, la rana común y la ranita de San Antonio. A pesar de su importancia, estos vertebrados se encuentran en franca regresión. Los principales impactos que sufren son la alteración de sus hábitats y la contaminación de los ecosistemas acuáticos.


La campiña:

Es esta zona la más intervenida por la mano del hombre. Se incluyen aquí todos los campos de cultivo, pastos y monte bajo desde el pueblo de Torrelaguna hasta el límite sur del término municipal.

Ya muestran los archivos históricos la importancia y fertilidad de las tierras de labor y huertos de Torrelaguna. Como comentábamos al principio de esta parte dedicada al medio natural, la intervención humana provoca cambios del paisaje, y es quizá en esta área donde esa modificación sería más apreciable para un viajero del pasado que volviese a Torrelaguna 2 o 3 siglos después. Antiguamente las huertas y la vid (vides de las que se obtenía el apreciado vino de Torrelaguna del que ya pocas garrafas se embotellan) eran el tipo de explotación más abundante en estas tierras. Es a mediados de este siglo fundamentalmente, cuando estos cultivos han dejado paso al trigo y al olivo como los más comunes en los laboreos de Torrelaguna.

Acompañando a este paisaje agrícola, sobre todo en bordes de cultivos y de caminos e incluso en proximidades de casas o de las carreteras, aparece un tipo de formación herbácea llamada vegetación ruderal. Se caracteriza por ser muy especializada y capaz de vivir en los ambientes creados por actividades humanas.

Son generalmente plantas anuales abundando crucíferas como el jaramago, Capsella bursa-pastoris o bolsa de pastor, diferentes tipos de cardos y borragináceas como la viborera. También es frecuente la amapola, la hierba de los nazarenos y entre las leguminosas el mendicago o la correhuela. En zonas muy pisoteadas aparece muy habitualmente el plantago.

Los mamíferos son más bien escasos, aunque si hay algunos como el zorro que suele ser frecuentes, o el conejo como especie cinegética. Los jabalíes pueden ser sorprendidos en los campos de cultivo de vez en cuando en alguna de sus correrías para buscar alimento. La fauna vertebrada en esta área está dominada sobre todo por la comunidad de aves. Tarabillas, collalbas, cogujadas, alondras, jilgueros, trigueros, pardillos, alcaudones... son algunas de las aves granívoras o insectívoras que podemos ver con facilidad, siempre que sea la época del año adecuada. Pequeños rapaces como el cernícalo campean a sus anchas buscando lagartijas o ratoncillos de campo. Los aguiluchos cenizos y pálidos junto a los ratoneros también pueden verse habitualmente. Más raro es encontrar alguna avutarda o sisón examinando los cultivo sen busca de algunas semillas. Y es habitual cuando los tractores están arando ver a las garcillas bueyeras dándose un festín de insectos y otros invertebrados.

No hay que olvidar tampoco la presencia de diversas zonas húmedas. Las ya desecadas "Lagunas de Malacuera" que se encontraban hacía el Sur por la carretera que lleva al Vellón, son un ejemplo. Aquí se producían grandes concentraciones de anátidas, limícolas, ardéidas y otras aves acuáticas. Actualmente existen dos áreas húmedas que todavía se conservan. Sólo se observa la lámina de agua superficial cuando es un año lluvioso, pero esta temporalidad es lo que las confiere una gran singularidad ecológica. Los organismos que podemos encontrar allí, sobre todo pequeños crustáceos e insectos acuáticos, se encuentran normalmente en muy pocos ambientes. Estas dos lagunas temporales se encuentran en el camino que va a Torremocha del Jarama, y son llamadas "laguna alta" y "laguna baja". Unos antiguos pozos situados en sus orillas, ahora secos y utilizados como papeleras e incluso como cementerios de animales domésticos, delatan también la presencia del nivel freático cerca del terreno. A pesar de sus peculiares características, estos ecosistemas son algo maltratados, habiéndose realizado drenajes o cultivándose incluso toda su cubeta como en la "laguna alta".

Santiago Robles Claros. Biólogo
Guía de la Comunidad de Madrid
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